El día que nos enamoramos de una viña

Cuando la primavera estalla, es un buen momento para reinjertar y ya hacía unos meses que teníamos unas varas que habíamos ido a buscar. La historia es larga, de una viña que hace soñar, porque año tras año el vino que sale es bueno, muy bueno; porque el viñedo lo hemos visitado muchas veces y es precioso. Hacía mucho que estábamos enamorados y finalmente nos decidimos: le pedimos madera al viticultor para reproducirla. Ahora podremos tener un trocito de ella en casa y no podemos ser más felices.

Las cepas que hemos reinjertado eran de merlot, de los viñedos que están más cerca de la bodega. Añadiendo estas variedades locales de viñas viejas creábamos una cepa frankenstein, como diría Miguel Hudin, pero para nosotros son margaritas junto al lago Lemán. Tener viñedos reinjertados con variedades locales se ha convertido en uno de nuestros objetivos principales para conseguir reducir el impacto medioambiental de nuestro trabajo. Desde hace un tiempo que observamos el comportamiento de las plantas ante el cambio climático y hemos constatado que aquellas que mejor se adaptan son las de variedades locales.

Sabemos que estos trabajos de hoy verán el fruto de aquí bastante tiempo. No será hasta dentro de unos años que esta viña nos dará madera para reproducir más viña, y también tendremos que esperar un tiempo para poder hacer vino. Un largo recorrido para conseguir una viticultura sostenible, con cepas que necesitan menos agua y más resistentes a las condiciones climáticas de la zona. Un camino que es un homenaje también al legado de los viticultores y viticultoras que nos han precedido: este encuentro, la viña que nos enamoró hace un tiempo, la madera que nos ha ofrecido el buen viticultor que la ha cuidado tanto tiempo. En conjunto, un regalo para el futuro de nuestro paisaje y de la tradición vitivinícola del Empordà.

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